Tu mentira, mi mentira, nuestra mentira…
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En alguna medida todos mentimos, nos autoengañamos, nos creamos fantasías, nos evadimos para no asumir lo que nos corresponde. Pero resulta realmente impactante la forma como los adolescentes mienten con tal naturalidad, que ya eso forma parte de lo “normal” y a veces hacen un “pastel de enredos” con sus propias mentiras.Según Bertha Sperber, “todo empieza con esa primera experiencia infantil, en la que se comprueba que uno no es amado por lo que es, sino por lo que debe llegar a ser. En alguna medida, la mayoría nos volvemos víctimas de ese amor negativo, un amor que pone condiciones para ofrecerse”.
En esa búsqueda de quedar bien, ser aceptados y que no descubran aquello que somos, comenzamos a mentir, incluso para evitar la agresión, el dolor, la descalificación y el rechazo por parte de los que nos rodean. Dice la misma autora que : “….desde allí el niño se desconecta de su propio ser y empieza a buscar maneras de satisfacer las expectativas de los padres y de los demás, lo que genera una paradoja emocional: soy querible mientras no sea quien soy”.
Muchos padres, estamos conscientes y hasta sabemos cuándo nuestros hijos nos mienten. El caso es, que es posible que nosotros mismos sin querer los hayamos enseñado a mentir.
Sólo cuando nos sentamos a profundizar en estos temas importantes de la familia, asociados a lo que exigimos que sean nuestros hijos e intentamos comprender cómo se sienten, cómo nos perciben como padres y en qué medida nos asocian con dolor; podremos entrar en la verdadera responsabilidad, de ese proceso de aprendizaje que se genera en esa valiosa relación hijos-padres y que es aprender a vivir desde “la verdad y no desde una visión distorsionada de ella”.
Cuando ante ellos reconocemos que SI, que en algunas oportunidades hemos mentido, asumiendo que eso ha formado parte de nuestro proceso de autoencuentro, madurez, búsqueda de identidad y temor de no ser perfectos, pero que también asumimos que esa no es la mejor manera de ser y que se puede ser más genuino, asumir equivocaciones, aprender y mejorar, podemos enseñarles que no es conveniente ser una MENTIRA AMBULANTE..
Ahora bien, es importante entender, que si las consecuencias que recibimos por equivocarnos como hijos, son inmanejablemente dolorosas, jamás seremos honestos con nuestros padres. Por eso, es preciso asumir que ni aún la peor falta, puede ser motivo para ensañarnos contra nuestros hijos, porque de lo contrario estaríamos castigando el acto de ser honestos y todo lo que se castiga como comportamiento recurrentemente se extingue.
Todo es una excelente oportunidad de crecer y aprender en familia en el maravilloso escenario, que es la vida. En donde nuestros hijos aprenden a crecer y nosotros aprendemos a ser padres, a madurar como seres humanos, a hacernos conscientes de lo que somos y lo que no, de nuestras virtudes, fortalezas y aspectos que debemos mejorar.
Es cierto, hay situaciones y personas que nos hacen sentir incómodos, pero como todo tiene que ver con nosotros; hay que asumir la responsabilidad y buscar nuevas maneras de analizar las situaciones, para no dejar que la incomodidad con el otro nos vuelva algo que no somos. Debemos encontrar nuestra capacidad de mejora permanente, las razones contundentes para no victimizarnos y desarrollar nuestro líder interno que nos preserva, que nos hace sentir seguros y encontrar respuestas y soluciones que nos lleven siempre a crecer, evolucionar y tener un tesoro de sabiduría, producto de estar lo más cerca posible de nuestra VERDAD, que no necesariamente es la de la otra persona.
También es importante que como padres seamos honestos y le acotemos que hay situaciones en las cuales no podemos andar con una bandera que exponga lo que podría
denominarse: “nuestras debilidades”. Enseñándoles que hay aspectos de nuestra intimidad que hay que saber manejar con inteligencia y discreción, sabiendo que hay momentos donde tenemos el derecho a guardar silencio ante el colectivo externo a la familia.
Debemos enseñarlos a no aparentar lo que no son, a no compararse con los demás niños en función de marcas, objetos, pertenencias, viajes, o lugar donde viven… De allí nacen las peores mentiras. Que sepan con relación a las mentiras, que una traerá otra… y esa otra.. Que definitivamente la verdad siempre sale a flote y que lo único que no puede perder un ser humano es “su credibilidad” porque cuando realmente este diciendo la verdad, nadie le va a creer.
El mejor pasaporte que tenemos, es nuestra palabra creíble, que es más que un sonido hablado, pues es una energía. Nuestro cuerpo habla a través de un lenguaje que vibra muy alto, y se siente cuando alguien no es verás. Es por eso que nuestro mayor valor radica en que todo el que te conoce pueda dar fe de nuestra honestidad, porque demostramos que tenemos la confiabilidad, del que entiende que la vida es un bumerán, donde todo lo que se emana al universo siempre regresa.
Si dices mentiras, el mundo te mentirá, estarás sembrando una vida cargada de falsedad, enemigos, apariencias…… vivirás mintiéndole a la persona más importante de tu vida: tú mismo y vivirás en constante falta de paz por miedo a ser descubierto.
Lo que eres, lo que tienes, lo que vales y lo que haces tiene más valor del que a veces le das, aprende a expandir y potenciar lo que eres y lo que tienes para que no tengas que inventar lo que no eres… creo humildemente que ahí es donde verdaderamente ayudamos a nuestros hijos a ser verdaderas estrellas…
Expande tu verdad… La que de verdad te importa y es real!
Milagros Pino Durán – Conferencista Internacional
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